viernes, marzo 02, 2012

LA ACRITUD DE LA INUNDACION EN PANDO

La acritud en nuestra lengua es sinónimo de aspereza, dureza, agresividad, acrimonia, es decir la acritud y por lo tanto lo acre, es lo contrario a lo dulce y armonioso. Salvo que sea usted un perito en esto de la lengua castellana, no podrá negar que estas primeras palabras ya le han dado un barniz de cultura a estas digresiones, lo que puede reflejarse en el lector. Sin embargo, es sólo una manera de introducirlo en ... un río!!! Si señor, se trata de un río de la amazonia boliviana, el Río Acre. Esta vez las mayúsculas son pertinentes, pues se trata de un nombre propio, aunque la verdad fue un nombre más que propio, apropiado a las circunstancia. Este río tuvo la mala ocurrencia de nutrirse de las aguas lluvias de varios países y verterse con fuerza sobre la ciudad de Cobija, inundándola.
Para ser certeros, diríamos que su actitud fue de acritud suma, en evidente referencia a su nombre. Estoy seguro que ya está criticando el que me refiera a un río, como un ser pensante y casi con intencionalidad. En este caso tiene razón, pero si me deja explicarle a que me refiero será indulgente y verá que es mejor echarle la culpa al río de la desgracia, que a las autoridades, que no avisaron a tiempo que el turbión se venía encima de la población de Cobija.
El río Acre nace entre Perú y Brasil, y luego penetra en Bolivia, sirviendo de límite fronterizo. Recorre por Pando unos 180 kilómetros y luego sigue por Brasil, hasta desembocar en el río Purús. Este camino implica según algunos 1200 kilómetros, otros lo reducen a 600, precisión que demuestra el gran interés de los geógrafos y expertos sobre esta parte del planeta.
Ocurre que cuando llueve en demasía en Perú y Brasil, el río crece, se enoja y se convierte en turbión, es decir en amenaza acuática para el resto de los que esperan más abajo.
Cada cosa a su tiempo, decían nuestros mayores, lo que implicaba que las cosas están sujetas a tiempo y espacio y que en el caso de los ríos si se están cargando de agua en su nacimiento, en su decurso harán barbaridades por estar sus aguas crecidas, todo en tiempo y lugar determinados. ¿Cómo debe leerse esta parte? Donde el río crece (y suena) es porque trae piedras y lodo, y éstas van a atropellar a los que está río abajo. ¿Se puede prevenir esta catástrofe? Claro, es cosa de coordinar y saber escuchar el aviso de alarma. Los de arriba les avisan a los que viven río abajo que se viene el turbión; éstos aplican los planes de evacuación que las autoridades prudentes han elaborado, y se van a los refugios ya preparados para épocas de lluvia, y lógicamente, que obedeciendo planes preventivos, son muy pocos los afectados, pues la autoridad ha previsto todo.
Años atrás, en mis épocas de estudiante, me explicaban las diferencias entre el deber ser y el ser. Digamos que lo leído líneas antes, es el deber ser.
El ser es un poco diferente. Si bien los de río arriba les dijeron a los de río abajo que se venía un turbión, es decir una acometida del acre río amazónico, y que la víctima sería la ciudad de Cobija, se esperó las últimas horas para actuar. Respecto de los planes de evacuación para inundaciones, no existen. Sobre las prohibiciones de construir en lugares bajos, como la ciudad no se inundaba en los últimos veinte años -dicen los más viejos, pues no hay registros oficiales- estas medidas no existían.
Evidentemente, ocurrida la desgracia, es recurso fácil recurrir a las colectas, a los refugios y hacer todo acto de solidaridad, que estarían de más si se hubiese previsto la situación.
Las cámaras de televisión, las notas radiales, el flash de las fotos, nos permiten condolernos públicamente con las víctimas, y lograr que se admire a nuestras autoridades, tan solidarias, convertidos en héroes y heroínas, que están firmes junto al pueblo, tan sufrido éste.
El hecho que no se haya prevenido la desgracia, que no existan programas de evacuación, que la ciudad crezca en lugares aledaños al río, a quien le importa. Uno no puede ser ave de mal agüero y estar pronosticando catástrofes. Eso está bien para extranjeros pero no para nosotros que nos llevamos tan bien con las deidades de la tierra y el agua. Finalmente, cuando las aguas del río bajen, las víctimas volverán al riesgo y a la pobreza, y las autoridades tendrán otras ocasiones de espectáculo, para bien de sus seguidores y admiradores. Como alguien dijo, el show debe continuar.
Ahora, si a usted le incomoda la imprevisión, el uso de la desgracia para mostrarse como una autoridad identificada con su pueblo y esas cosillas, pues a llorar al río.

lunes, febrero 06, 2012

La madre tierra y sus huérfanos

No se de usted, pero yo me resisto a tener una madre tierra, y en ese contexto me declaro huérfano absoluto. ¿A qué viene el tema?, le explico: Existe una nueva ley de la educación boliviana, la que declara que la educación en el país es laica, pero lejos de una mínima consecuencia con esta afirmación, cada dos o tres párrafos se refiere a la Madre Tierra como un ente de existencia cierta, siendo que se trata de la idea y deidad de alguna nación de las que conforman Bolivia, que pretende ser impuesta a todos, sin preguntarnos por el derecho a tener otras creencias. Les advierto desde ya que conmigo no van esas historias de echarle trago al piso, cada vez que me tomo una cerveza, ni de quemar cosas los viernes, o andar de cerro en cerro reconociendo a los Tatas y adorándoles, ni levantando altares con el nombre de apachetas, ni cubrir con sangre fresca de llamas y corderos las paredes de las minas, o amarrarles un hilo rojo a los niños para evitar el mal de ojo, o ponerse calzón variopinto y multicolor según el día del año y de la suerte que se pretenda. Si usted le gusta hacerlo, y además es experto en las siete fumadas poderosas, en la unión de parejas y el retorno del ser amado y en el rechazo de hechizos, está en su derecho. Pero lo que usted crea es su problema y nadie puede obligar a los demás a comulgar con algo tan íntimo, cuales son las creencias religiosas.
Nada que ver conmigo ninguna de esas manifestaciones culturales, que en mi criterio me parecen tomaduras de pelo, tal vez justificadas en la colonia, pero ya no en el siglo XXI. Pero, en fin, cada cual tiene el derecho de adorar lo que se le venga en gana, sea su propia sombra o el calcetín de su abuelo. No es el contenido de las religiones, ni las creencias o ritos el motivo de estas digresiones, sino el reclamo ante el hecho que por ley de la república pretendan que reconozca deidades que no comparto, aspecto que no puede estar sujeto a votación. Es violatorio de todo derecho el que obliguen a que la educación de mis hijos y mis nietos (la mía para bien o mal, ya estaría concluida) sea bajo parámetros de una cultura que no comparto, con dioses que no reconozco, y con madres que no son la mía y que fue la que me alumbró.
¿Porqué no Manitú, Ala, Gilgamesh, Odín, o la araña de tarantela, como dioses, madres o padres de los bolivianos? Se ha sometido a votación esto de que dioses debemos adorar? Es evidente que la nueva Ley de la Educación Boliviana, tiene un estigma de inicio, y es la de ser el instrumento de un credo, de una confesión, de una religión, que puede tener toda la legitimidad entre quienes creen en sus preceptos, pero que no puede ser impuesta a los demás.
Peor aún si se pretende que esta ley es una demostración de nuestra diversidad, de la existencia de naciones diferentes, y cosas semejantes. ¿Por qué se le da preminencia a una sola nación y a sus dioses o ídolos?
Es tiempo de descolonizarnos de las ideas pre hechas y de dejar de creer que el país es sólo una serie de naciones indígenas, y entender que existen miles, entre ellos tal vez usted lector, que tiene una idea diferente del mundo, de la nacionalidad, y que tengan o no credos religiosos, no lo están manifestando en la normativa que obliga al resto.
Recuerdo una antigua canción católica que decía : «A Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas y en el hogar», reflejando una aspiración que es antidemocrática y antihumana. No podemos tener la deidad de nadie en nuestras leyes y menos en las escuelas, pues lo primero que se debe respetar es el derecho de cada cual a creer en lo que se le venga en gana.
Cuando para horror de la curia, el país eliminó la fe católica de la constitución política, pese al evidente número de personas de esa creencia, el tema parecía que anunciaba una evolución hacía el concepto de un ser humano dueño de creer en lo que le apeteciera, manifestación de su libre albedrío y su condición de persona.
Pero, esta ley de la educación es una vuelta atrás. Me imagino que en breve remplazaremos nuestros títulos académicos por el Amauta, Amauta cum laude, o Amauta Supremo.
El pretender utilizar las nuevas leyes de la educación para someter a toda la república a una manera de pensar animista y religiosa, es un dislate de marca mayor, representa una manera de segregación y discriminación y evidentemente es un abuso.
Para variar, ante este atropello, nadie dice nada, pese a que somos miles los huérfanos de la Madre Tierra, Pacha mama, o como se quiera llamar a las deidades de religiones con las que nada tenemos que ver.

viernes, enero 27, 2012

EL MUERTO Y LA MARCHA DEL TIPNIS

No, no se trata del desmentido que cuestionó toda la labor de un periódico en ocasión de una marcha indígena. Evidente, nadie se murió por el apaleo de los policías a los marchistas que defendían el TIPNIS. Pese a que éstos luego de la protección policial amanecieron más verdes que pera de navidad, todos aún tienen la oportunidad de morirse de hambre, pero no del apaleo del que fueron objeto. Si usted empezó a leer estas líneas pensando que ahora sí se sabría que hubo un muerto en la marcha, le comento que echó pele. Pero, no se vaya, pues la cosa tomará un rumbo insospechado.
Hace apenas unos pocos días una bala sicaria puso fin a la existencia de un ciudadano pandino. De seguro usted dirá que la inseguridad ciudadana es un tema más recorrido que el Prado de La Paz y ya estará queriendo mudarse de noticia. Calma. La diferencia en este caso, es que la víctima ya lo era de antes: Su hijo había sido muerto sólo unos días atrás en la idílica ciudad selvática de Cobija, también por sicarios.
Dos muertes en pocos días, y parece ser que la causa inmediata es el tema del narcotráfico. Usted de seguro ya está mirando sobre el hombro mientras trata de leer lo que sigue. Si cree que esta es una denuncia del narcotráfico nacional se equivoca. No tema seguir leyendo. Ni la D.E.A. ni el Ministerio de Gobierno se lo llevarán de paseo por esta actividad. No tengo idea si los capos de la actual administración o de las anteriores (eso siempre debe decirse para salvar el pellejo) son los responsables de que estemos a punto de recuperar antiguos laureles en la producción de cocaína, Alguien decía años atrás que nadie obliga a los gringos a andar esnifando lo que sea, o pinchándose, o introduciéndose todo tipo de sustancias exóticas. Lo concreto es que la actividad de narcotráfico, en este caso de la cocaína, se concentra cada vez más en Pando, hasta hace poco lugar casi desconocido, y que quienes viven y moran en Cobija deben convivir con la acechanza diaria de tener que ver a lo menos un fiambre en las calles cada cierto tiempo.
Esta situación no debería ser posible en el país, pero sucede y cada vez con más frecuencia. En el caso presente, los sicarios se dirigieron luego de la ejecución, a uno de los puestos de control de la zona franca, donde permanecieron varios minutos recuperándose de su siniestra tarea. Tampoco se trata de rasgarse las vestiduras y pensar que los funcionarios del control, entre ellos, la policía, son unos inútiles, pues estos no sospechaban que los sujetos eran los autores de una muerte.
El tema de fondo, es que el mal vivir nos va ganando. Y ya estamos acostumbrados a ver la muerte de prójimo sin siquiera pestañar, por el solo hecho de que se trata de «un ajuste de cuentas».
No parece ser esta expresión un lenguaje de seres normales, sino de contadores, lo que no quiere decir que los contadores son de otro mundo. Sino, que, el marbete «ajuste de cuentas» nos permite caminar como si nada, cual disculpa para permitir la muerte de cualquiera a manos de las bandas del narcotráfico.
Esa puerta abierta del «ajuste de cuentas» permitirá que en breve en la amazonia boliviana se liquiden a bala a jueces, fiscales y policías, y de seguro será también ajuste de cuentas y de esa manera iremos perdiendo el país a manos de los mafiosos. Razonamos: “los ajustes de cuentas son entre bandidos, así que si se mueren pena por ellos, pero nada que ver conmigo” Hasta que de pronto, si tendrá que ver.
¿Y que tiene que ver toda esta historia con el TIPNIS y la apertura de nuevas carreteras en la selva? En la medida que falsos colonizadores siembren más coca, en los parques, en la selva o donde sea, mayores serán las consecuencias del narcotráfico. Y esta situación arrasará con las camisetas de todos los colores y de todas las siglas de los partidos políticos. Es tiempo que se actúe, que se entienda que coca si es cocaína, que lo del acullico es una práctica para tener esclavos a los bolivianos, y que no hay pachamama que valga para salvar a este país, si termina en manos de los traficantes. Espero que cuando queramos reaccionar no sea demasiado tarde y todavía exista Bolivia, sea pluri o mono cultural y tenga el nombre que tenga. El no hacer nada es criminal

miércoles, enero 11, 2012

Verde que te quiero verde

Siempre hemos asociado el sueño con el descanso. Pero hay sueños que para muchos son pesadillas. Uno de estos casos son los expedientes verdes del Tribunal Constitucional. Condenados por los avatares de la política nacional a un descanso forzado, mantienen despiertos a funcionarios gubernamentales, políticos de oposición, presos, particulares y mucha gente más. Son más de quinientos y dormían el sueño de los justos. Para diferenciarlos de los demás, les pusieron una cartulina de color verde por carátula.
Ocurre que el control de la constitucionalidad fue la causa de la Creación del Tribunal Constitucional, y como se dice en criollo, empezó con volapié, es decir, con una alta calidad jurídica y un gran apego a la defensa del derecho de las personas.
Me comentaba una de las profesionales que estuvo desde el nacimiento de este ente de control, que la cosa no fue simple. Llegaron sin saber mucho, o sabiendo nada de lo que debían hacer, y de a poco fueron formando un manera de operar y una doctrina constitucional.
Si usted, lector, está ya por dejar de leer esta nota y se va a ir a deportes, haga un esfuerzo, pues se trata de cosas le importan, salvo que sea de los pocos que sueñan con la dictadura del proletariado y un país amurallado para no perder su supuesta virginidad.
La palabra virginidad ya atrajo su atención, lo que es bueno. Pero no, se trata que los expedientes verdes contengan material procaz o divertido. Al tratarse de discusiones sobre constitucionalidad, se trata de las peleas de si una ley contraria a los bolivianos, puede existir porque el gobierno quiere, o si hay quien se anime a ponerle el cascabel al gato, y le pare el coche a los abusivos de siempre.
Se que para muchos, los abusivos actuales pueden vestir de azul, pero a fe de verdad, todo aquel que por algún artilugio llega a Palacio, se cree más omnipotente que el Creador y en su sesera discurre que todo aquel que se le oponga comete traición a la patria. Para tener esta convicción no es necesario más que llegar al gobierno, por la vía que sea y con la sigla que le haya servido- Es parte del ser humano caer en la deificación.
Esta historia, que afirma que el que gobierna se envicia en esos círculos áulicos que le tañen campanas, le reciben con fanfarrias y le ponen flores y le dicen jefe, es tan antigua como nuestro país. En el resto del mundo tratan de paliarla los opositores y de ahí ha surgido constituciones, derechos humanos y demás parafernalia que alabamos en democracia. Pero, el que manda, el gobernante, jamás le hace gracia que le limiten su poder.
Revolución, reforma, hombre nuevo, interés nacional, interés de estado, pervivencia del país, mayoría absoluta, y un largo etc. son los justificantes más en boga aquí y en la quebrada del ají para creerse el reycito. ¡Ay de aquel que pretenda pararse contra el poder¡, cualquiera sea el color que este sea.
Para contrarrestar ese poder, está el tribunal Constitucional el que debe decirle -esto puedes y esto no puedes-, con toda la fuerza que la ley tiene. Esta tarea se hace propia de un sueño, cuando es el mismo gobernante el que ubica a sus amiguitos y amiguitas en los cargos de control constitucional. Actualmente se discute si eso pasó o no pasó, pero no es motivo de estas disquisiciones.
Lo concreto es que los aproximadamente medio millar de expedientes verdes esperan ser resueltos y que en todo estos años, han sido dejados ahí, en medio de telarañas, a fin de no enojar a los omnipotentes. Es evidente que los antiguos Tribunos a dedo dijieron: “Juez que no resuelve nada, en nada se equivoca”.
Que determinada ley, decreto, resolución ministerial sea abusiva, anti democrática, violadora de derechos humanos, ilegal y urticariante, se engloba en una sola palabra: Esas normas son inconstitucionales. Que fulano está preso sin motivo. Que estas decisiones son ilegales, son situaciones que debieron ser resueltos de inmediato. Temas como esos se esconden tras los verdes de la desesperanza, donde el hecho de no haberlos resuelto en su momento, ya supone una injusticia.
No tan antiguamente, siempre era el dedazo el que llevaba a los abogados a los cargos de Tribunos, ahora llamadas Magistraturas. Era evidente que la suerte de los verdes se decidiría en base de las instrucciones del Gobierno. Ahora podría ser diferente. Le ruego por favor que no se ría. Por ahí, los magistrados del Tribunal Constitucional tienen los pantalones bien amarrados, o las faldas si usted quiere, y se animan a fallar contra el poder establecido.
En la puerta de la ex Corte Suprema, el día de la posesión de las nuevas autoridades, la barra metía flores, serpentinas y mixtura de papel picado a los ganadores, sin importar de donde provenían y sacaban para cada cual letreros de apoyo. Una dama, que me hacía recordar los antiguos cuadros de las barzolas del movimiento, gritaban a voz en cuello «y no traten de pararse, que el MAS los ha elegido”.
Que efecto tendría en los ánimos de los posesionados este recordatorio de la conciencia popular, lo ignoro. Pero los verdes claman por ser resueltos de verdad. El último grupo de Tribunos, puestos por el dedo del gobierno, evitó hacerlo, con mil razones, y cuando tenían que resolver, preferían usar la comisión de admisión para sacarle tarjeta roja al tema y no decidir el fondo, en vergonzoso truco leguleyesco, haciéndonos recuerdo que la justicia inoportuna es abuso y no es justicia.
Los verdes deben estar despertando y muchos jerarcas actuales habrán perdido el sueño. A los demás, a usted a y a mi, sólo nos queda esperar y mirar de palco como funciona la nueva justicia boliviana.

viernes, diciembre 30, 2011

Ha muerto el poder judicial ¡Viva el nuevo Órgano!

Una incógnita con mayúscula entraña la posesión de los nuevos magistrados y administradores de la justicia nacional. Tienen en su haber el ser electos por voto directo, y por lo tanto no deberían estar comprometidos ni con mayorías políticas ocasionales ni con planes hegemónicos de otros operadores del estado. Si deben el favor de haber figurado en las listas de elecciones a las actuales mayorías políticas, no es menos cierto que ese tutelaje termina cuando sean posesionados. Para entender lo que viene en este 2012 miremos hacia atrás, pues es pertinente revisar lo que fue el Poder Judicial, fenecido desde este 31 de diciembre de 2011, y ver si existen los elementos de un cambio en favor del país.
Bolivia, a diferencia de otras naciones sudamericanas, tiene como antecedente a su origen republicano la actividad de la Audiencia de Charcas, lo que le dota de una tradición legal, legalista y a la vez leguleyesca que no es compartida por los demás países latinoamericanos.
Es innegable la influencia de los doctores de Charcas o La Plata en la creación de la nación boliviana, con todos sus aspectos positivos como negativos. Entre éstos últimos, está en hacer creer al resto de la población que el hombre es producto de las leyes.
De allí que las reformas nacionales, sobre cualquier punto, descansen en las normatividad. Si soy revolucionario, derogaré el cuerpo de leyes anterior y haré otro, de donde nacerá el hombre nuevo. Este esquema se viene repitiendo desde la fundación de la república. Se trata de un grave error de percepción, que nace de la veneración por la palabra escrita que tiene el boliviano y que hace de él un cultor no del derecho ni de la justicia, sino del texto, de la norma escrita y muchas veces de la manera de burlar esa norma.
La respuesta que la sabiduría popular dio a estos afanes, fue más pronta que la doctoral, y se traduce en la afirmación que hecha la ley, hecha la trampa.
Y de esa manera se han visto las reformas legales a lo largo de la historia del país, incluyendo esta ultima refundación del país, como esfuerzos loables, pero muchas veces ingenuos. Hay algunas verdades de Perogrullo, que los revolucionarios, transformadores y políticos en general olvidan, pues preteren al hombre en beneficio de la ley. Veamos algunas: Sea la ley que sea, el juez mal pagado inclinará la balanza en favor del que le alivie la penuria económica. Si bien el país es pobre, y grandes sectores de población lo son, no es menos cierto que existen sectores de clase media y clase media alta con ingresos expectables. El resto de latinoamericana, al menos nuestros vecinos, conocedores de esta verdad, pagan a sus juzgadores salarios altos. Si a un buen sueldo se une permanencia garantizada más allá de los vientos políticos, tan variables en nuestro país, el ser juez será una aspiración de muchos y entre ellos habrá buenos profesionales. Hoy el fenómeno es todo lo contrario.
El país no se puede darse el lujo de jueces mal pagados, pues la corrupción campeará ante esta situación, sin importar el texto de la ley o la pena que se anuncie en castigo.
El tiempo de un administrador de justicia no es infinito, pero los litigios suman y entierran a los juzgadores en una mar de papel que hace imposible la celeridad de la justicia. La solución, no es el cambio de la legislación procedimental. El problema es simple, a mayor carga laboral, la sociedad debe responder con más jueces y mayor capacitación.
Se critica que la justicia no es gratuita y que debería serlo, a ultranza. Otro error de desconocimiento del ser humano. Los sectores populares-mestizos de la ciudad, son de profundo carácter litigante casi pleitómanos, y ese defecto se traduce en cientos de causas penales por agresiones y delitos similares, que no deberían jamás llegar a tribunales ordinarios, debiendo ser concluidos en esferas policiales.
El hecho de tener que pagar por el servicio legal, sobre todo en materia civil, comercial, tributaria y minera, impide que los procesos se multipliquen como conejos. Diferente es que el estado tome medidas en materia penal, social y familiar para resolver causas atingentes a estos campos, los que perfectamente pueden estar en sus etapas previas fuera del ámbito jurisdiccional ordinario.
Dando por sentado, que si el ser humano no cambia, las leyes, de la manera en que estuviesen redactadas, tampoco lo cambiarán, vemos que invertir en reformas de los procedimientos es desde ya una mala inversión, la que se torna en pésima cuando se encarga estos cambios a quienes no tienen idea del modo de ser del boliviano y de los tribunales.
Un ejemplo del fracaso es la reforma penal, que no resolvió nada para lo que fue pensada. Otro ejemplo del error, es la pretendida reforma actual en los procesos civiles comerciales, ya declarada en la ley del órgano judicial. Mientras el resto del mundo reemplaza el expediente de papel por uno electrónico a prueba de robos y triquiñuelas, algunos políticos bolivianos tienen la loca idea de obligar a los litigantes y a los abogados a procesos civiles y comerciales orales. Mientras en todo el mundo se despersonaliza la relación abogado/Juez, en Bolivia se quiere que los litigantes ante de poder recurrir a la justicia, vayan donde un conciliador, creando nuevas condiciones para la demora en los procesos. Se cree ingenuamente que se cambiará la mentalidad de los habitantes de este territorio cambiando el nombre de los juzgados.
La idea de cambio no tiene porqué se buena en si misma. Primero se debe conocer como funcionan las cosas, ver porqué no funcionan como se quiere y ahí modificar lo que esté mal. Pretender borrones y cuentas nuevas una y otra vez es un grave error, que terminará en fracaso.
Ante estas nuevas autoridades, es pertinente hacer estas reflexiones y parar en el camino al despeñadero, por mucho que sea consejo de algún asesor, que de seguro jamás en su vida ha litigado en Bolivia. No hacerlo es de suma peligrosidad para todos, no solo para el actual gobierno.

martes, diciembre 20, 2011

EL NUEVO PODER JUDICIAL, UN PLAZO QUE SE CUMPLE

No hay término que no llegue ni plazo que no se cumpla decía mi abuela, y eso es aplicable a esta hora especial, donde la justicia boliviana verá una realidad, impensada para muchos: jueces electos.
Los magistrados de la Corte Suprema y del Tribunal constitucional, son eso: jueces por decisión de la votación. Como nuestro país fue y sigue siendo un lugar donde medra la envidia, son muchos que se quejan internamente por no ser los electos, renegando de la ceguera de los electores, que no supieron ver sus dotes que para ellos son tan evidentes. Estas quejas los llevan a pronosticar el fracaso de los que vienen. Otros, los que optaron por perjudicar su voto, se dan cuenta que dejaron pasar el tren de la historia y que no hicieron uso de ese derecho básico, el de elegir.
Pero para ambos, envidiosos y engañados, la historia continúa y en breve será el momento inédito en que los jueces electos tomarán las riendas de la conducción del poder judicial en Bolivia.
¿Quién no recuerda las épocas dictatoriales, donde los fallos tenían censores con jinetas, o los muchos dedazos que encumbraron a venales operadores jurídicos a dar la última palabra en materia judicial?.
Paralelamente, el Tribunal constitucional, convertido en guardián del estado de derecho, nos mostró un nacimiento marcado por una gran estrella de calidad y sabiduría, la que fue declinando poco a poco, hasta caer en el sometimiento al interés político. Pero, nuevamente tiene una oportunidad de recuperar logros. Los que se van, han tratado de dejar tras su partida ninguna huella de lo hecho, bueno o malo. De allí que los magistrados y Tribunos que entren encontrarán en muchos casos, que los equipos computacionales han sido puestos en blanco, tal vez para tapar trapacerías, tal vez por un acto de egoísmo, o tal vez por una conciencia histórica de que desde aquí es borrón y cuenta nueva, en esto de la justicia nacional.
Me tocó presenciar días atrás en una de las oficinas del Consejo de la Judicatura, un afán inusitado por la destrucción de documentos. Supongo que se trataría de papeles inútiles, que sólo harían perder el tiempo a los nuevos Consejeros y que los actuales y sus empleados, llevados por ese afán noble de entregar la casa limpia se apresuraban en destruir. No puede cruzar por mi mente la idea que hubiesen émulos de la EXXON, que trataran de ocultar obscuras maniobras, destruyendo la prueba. Si ha cruzado tal idea por su mente, descártela.
Muchos rasgan sus vestiduras diciendo que el poder judicial elegido es un nuevo brazo del gobierno de turno. Después de años de proximidad con el poder judicial, para nadie es misterio que antes, más que ahora, la dependencia política marcaba el tenor y el contenido de las sentencias. En cambio, esta es la primera vez que el voto directo de la población llevará a hombres y mujeres a desempeñar los más altos niveles de la judicatura. No fueron designados por asamblea política alguna. No le deben el cargo a nadie. No pretendemos hacer creer que el gobierno no trató de meter sus manitas en este tema. Fue en ese objetivo que variados delfines recorrieron el país antes de la elección, reuniéndose con gobernadores, comandos conjuntos, vocales de Corte Superior, a los que dijeron «somos los elegidos», exigiendo que grupos políticos, fuerzas armadas, grupos sociales, votasen por quienes tenían puesta la camiseta azul y que eran tan leales como para merecer el visto bueno de las autoridades del poder central.
Pero, en ese pequeña habitación, que puede ser un aula, o un espacio cualquiera, los votantes dispuestos a elegir, eligieron, y los delfines se vieron que pese al mandato y la seriedad de la recomendación, al ser el voto secreto, se les frustraron sus afanes de seguir siendo sirvientes, y quedaron fuera.
Se ha cumplido el plazo y hay una realidad que será historia: un nuevo poder judicial. Es evidente que nadie puede cambiar al ser humano y en breve los nuevos adalides de la justicia boliviana, tendrán su circulo palaciego, tanto para los temas políticos como para los demás que son la mayoría y que le interesan al ciudadano común. El criterio que asuman en esa situación determinará su gloria o su condena. Nunca hubo jueces que no deban a nadie su investidura, y esta es la primera vez que la credencial más válida, es haber sido electos.
No hay quien, que tenga un poco de criterio, que no reconozca que este nuevo poder judicial debe ser una esperanza por un futuro mejor para litigantes, para los que claman justicia, para los que tienen temas pendientes en la aplicación de la ley.
Ya llegará el momento de pedir cuentas y ver si esta esperanza se ha cristalizado en un mejor actuar o de pedir la cabeza de los próximamente posesionados. Ese también es un plazo que no dejará de cumplirse, como decía mi abuela.

jueves, enero 27, 2011

Como sacar provecho de su muerte anunciada

Maneras de estirar la pata
Como sacar provecho de
Su muerte anunciada


Por Guillermo Torres López (*)

La fama post mortem en nuestro país se ha convertido en fenómeno político. Si usted, hombre de ideales, cualquiera que estos sean, ha decidido como muchos morir por ellos, y si cree que en ese acto conquista la inmortalidad, antes de ser partícipe de una huelga de hambre hasta las últimas consecuencias -que suponemos debe ser la muerte y no el hartazgo a ocultas-, o está listo para engrosar algún grupo juvenil y unionista, o ha presentado una solicitud formal para ingresar a los ponchos rojos, o más allá de eso, si sus aspiraciones de sacrificio han logrado ámbito internacional y quiere entrar a la FARC colombianas, o al próximo ejército que los yanquis mandarán a alguna parte, antes de hacerlo le recomendamos leer estas líneas.
Vaya como introducción que su afán de inmortalidad por medio de la muerte, objetivo que muchos manejan en su cacumen, no es invento de este siglo XXI ni menos puede culparse de él desaprensivamente al gobierno en ejercicio, y ni siquiera a los gobiernos anteriores.
El afán de conseguir figuración en vida o después de ella, es parte del deseo humano de permanecer en la memoria colectiva. Y si aparte de eso el futuro finado consigue que a sus deudos le den encima una pensión, a una calle le pongan su nombre, figure en algún libro de historia o a lo menos en un panfleto, es una utilidad más que puede ser sumada al objetivo principal: su sacrificio en aras de alguna idea en especial o algún objetivo singular.
Con este preámbulo dejamos de lado a los victimados por los genocidas, a los muertos por las balas perdidas y encontradas en el cuerpo de algún difunto, los accidentados, los suicidas poco sutiles, y en general los que nos morimos sin aspavientos, sea con o sin ayuda profesional.
Esta distinción tiene doble finalidad, por una lado dejar aparte a los que se murieron sin tener en ello intención previa, a los que hicieron mutis por el foro de la vida diaria y no son materia de noticia y finalmente a los vivos de siempre, que no se mueren ni aunque ponga empeño en ello el resto de la población, incluyendo claro está figuras públicas que gozan normalmente de excelente salud, aunque sea a costa del erario del estado.
Concluida la retórica previa y con la esperanza que el lector no haya encontrado mejor cosa que hacer, pasamos a los datos estadísticos que -con la mano al pecho- prometemos no tienen intención política declarada, aunque no faltarán aquellos que nos atribuyan oscuros propósitos, retorcidas intenciones y quien sabe que más malas y supuestas leches.
El primero de ellos es que a la fecha, en lo que va de este gobierno socialista ya podemos contar varias decenas de fallecidos, sin que eso les haya disminuido ni un ápice la fama a nuestro máximo funcionario público, como muestran las decisiones electorales.
Sin embargo en ese maremagno de cadáveres, hay algunos que han pasado mutis por el foro y sin mayor publicidad, como ser los caídos en los enfrentamientos entre cooperativistas, o la familia víctima de un accidente en el tendido de gasoductos. Otros en cambio están ya prontos a cobrar (obviamente los deudos) montos de dinero por su participación en los hechos que causaron la renuncia de un anterior mandatario y que terminaron con las víctimas como héroes de las jornadas y con herederos pasando a mejor vida.
Hay varios que han hecho mutis por el foro y la nada ha sido el resultado de su martirio.
En estos siglos mediáticos, por lo visto ya no basta la muerte súbita para obtener la pensión para los herederos y la fama póstuma.
Para usted que quería iniciar ese camino como una manera de abandonar este mundo, es forzoso que antes de ir a la inmolación por sus ideales o por los que le hayan prestado o alquilado, se fije a que lado sopla el aire. Descarte el inmolarse por cualquier motivo que no sea político, Sepa que ya nadie muere por amor. Y aprenda de Picachuri que el olvido es el pago casi inmediato a nuestra muerte.
Si usted es un mártir en potencia, le avisamos que los motivos religiosos ya no corren, así ya no es titular de prensa el quemarse a lo bonzo (si no se acuerda de que es eso, es porque ya pasó de moda)
Hemos llegado a una modernidad donde el morirse puede ser un acto voluntario e intencionado, pero donde el error al escoger el momento inadecuado y la manera de estirar la pata, puede dar al traste con nuestra idea de inmortalidad, heroicidad y permanencia en la memoria colectiva. Que no le pase eso y termine siendo un habitante más de la necrópolis, y además un don nadie después de muerto, sin ni siquiera misa de cabo de año.

(*) NOTA DE LA REDACCIÓN: El autor nunca le tuvo mucho respeto al arte de doblar la esquina, ponerse el pijama de madera, pasar al patio de los callados, o como se le llame al dejar este mundo. Sólo tiene respeto por los vivos y vivas, y mucho temor de los vivillos. Aclara que si usted rinde culto a los muertos, es su problema y no de él.