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viernes, marzo 02, 2012

LA ACRITUD DE LA INUNDACION EN PANDO

La acritud en nuestra lengua es sinónimo de aspereza, dureza, agresividad, acrimonia, es decir la acritud y por lo tanto lo acre, es lo contrario a lo dulce y armonioso. Salvo que sea usted un perito en esto de la lengua castellana, no podrá negar que estas primeras palabras ya le han dado un barniz de cultura a estas digresiones, lo que puede reflejarse en el lector. Sin embargo, es sólo una manera de introducirlo en ... un río!!! Si señor, se trata de un río de la amazonia boliviana, el Río Acre. Esta vez las mayúsculas son pertinentes, pues se trata de un nombre propio, aunque la verdad fue un nombre más que propio, apropiado a las circunstancia. Este río tuvo la mala ocurrencia de nutrirse de las aguas lluvias de varios países y verterse con fuerza sobre la ciudad de Cobija, inundándola.
Para ser certeros, diríamos que su actitud fue de acritud suma, en evidente referencia a su nombre. Estoy seguro que ya está criticando el que me refiera a un río, como un ser pensante y casi con intencionalidad. En este caso tiene razón, pero si me deja explicarle a que me refiero será indulgente y verá que es mejor echarle la culpa al río de la desgracia, que a las autoridades, que no avisaron a tiempo que el turbión se venía encima de la población de Cobija.
El río Acre nace entre Perú y Brasil, y luego penetra en Bolivia, sirviendo de límite fronterizo. Recorre por Pando unos 180 kilómetros y luego sigue por Brasil, hasta desembocar en el río Purús. Este camino implica según algunos 1200 kilómetros, otros lo reducen a 600, precisión que demuestra el gran interés de los geógrafos y expertos sobre esta parte del planeta.
Ocurre que cuando llueve en demasía en Perú y Brasil, el río crece, se enoja y se convierte en turbión, es decir en amenaza acuática para el resto de los que esperan más abajo.
Cada cosa a su tiempo, decían nuestros mayores, lo que implicaba que las cosas están sujetas a tiempo y espacio y que en el caso de los ríos si se están cargando de agua en su nacimiento, en su decurso harán barbaridades por estar sus aguas crecidas, todo en tiempo y lugar determinados. ¿Cómo debe leerse esta parte? Donde el río crece (y suena) es porque trae piedras y lodo, y éstas van a atropellar a los que está río abajo. ¿Se puede prevenir esta catástrofe? Claro, es cosa de coordinar y saber escuchar el aviso de alarma. Los de arriba les avisan a los que viven río abajo que se viene el turbión; éstos aplican los planes de evacuación que las autoridades prudentes han elaborado, y se van a los refugios ya preparados para épocas de lluvia, y lógicamente, que obedeciendo planes preventivos, son muy pocos los afectados, pues la autoridad ha previsto todo.
Años atrás, en mis épocas de estudiante, me explicaban las diferencias entre el deber ser y el ser. Digamos que lo leído líneas antes, es el deber ser.
El ser es un poco diferente. Si bien los de río arriba les dijeron a los de río abajo que se venía un turbión, es decir una acometida del acre río amazónico, y que la víctima sería la ciudad de Cobija, se esperó las últimas horas para actuar. Respecto de los planes de evacuación para inundaciones, no existen. Sobre las prohibiciones de construir en lugares bajos, como la ciudad no se inundaba en los últimos veinte años -dicen los más viejos, pues no hay registros oficiales- estas medidas no existían.
Evidentemente, ocurrida la desgracia, es recurso fácil recurrir a las colectas, a los refugios y hacer todo acto de solidaridad, que estarían de más si se hubiese previsto la situación.
Las cámaras de televisión, las notas radiales, el flash de las fotos, nos permiten condolernos públicamente con las víctimas, y lograr que se admire a nuestras autoridades, tan solidarias, convertidos en héroes y heroínas, que están firmes junto al pueblo, tan sufrido éste.
El hecho que no se haya prevenido la desgracia, que no existan programas de evacuación, que la ciudad crezca en lugares aledaños al río, a quien le importa. Uno no puede ser ave de mal agüero y estar pronosticando catástrofes. Eso está bien para extranjeros pero no para nosotros que nos llevamos tan bien con las deidades de la tierra y el agua. Finalmente, cuando las aguas del río bajen, las víctimas volverán al riesgo y a la pobreza, y las autoridades tendrán otras ocasiones de espectáculo, para bien de sus seguidores y admiradores. Como alguien dijo, el show debe continuar.
Ahora, si a usted le incomoda la imprevisión, el uso de la desgracia para mostrarse como una autoridad identificada con su pueblo y esas cosillas, pues a llorar al río.

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