lunes, septiembre 20, 2010

El espíritu del progreso y el progreso del espíritu

La necesidad de la equidad con los demás


Quien recorra las calles de nuestra ciudad, no encuentra nada extraño en los cientos de ciudadanos brasileños que a diario mueven el comercio de la ciudad y que hacen de Cobija como zona franca, una realidad que no vive el resto del país.
Cada día es un nuevo edificio que se levanta para mostrar que la acumulación de riqueza es un fenómeno que existe en Cobija y que el crecimiento de los ingresos mueve a la construcción, siendo evidente que pese a todo rumor lanzado a rodar, existe fe en que el negocio de la zona franca continuará y seguirá dando dividendos.
De un recorrido por lo negocios establecidos, algunos con más de una década, otros nacidos al calor de este boom sostenido del desarrollo comercial de la ciudad, llama la atención la inexistencia de pedidos de mano de obra en los diferentes centros comerciales.
¿Porqué si hay un crecimiento sostenido no se requiere de más personas para atenderlo? O mejor y mas claro: de dónde se provee de mano de obra el comercio pandino?
Hoy, al comprar en una tienda cualquiera, al momento de facturar la adquisición, el trato familiar entre dependiente y cajero-dueño, reveló los lazos de parentela que los unían, pese a ser de generaciones diversas.
Si cualquier persona, sin ánimos de ser socióloga o antropólogo recorre las tiendas de la ciudad, podrá corroborar, salvo excepciones, que la mayor parte de los comerciantes han «importado» a sus empleados, trayéndolos de los confines del país, bajo un sistema de apoyo a sus grupos familiares o vecinos de sus lugares de origen. Esta tendencia va convirtiendo estos centros de comercio en enclaves familiares, cuando no, puntos de reunión de pueblos de migrantes.
Si bien cada cual es dueño de emplear a quien le de la gana en su negocio, sea familiar, paisano o afín, es evidente que esta práctica es formadora de grupos no integrados a la ciudad, y lo que es peor, es una manera de dejar de lado a quienes oriundos de la zona, vieron en la creación de la zona franca una posibilidad de desarrollo y de mejor nivel de vida.
El cobijeño tiene el derecho a esperar que el crecimiento de la ciudad se traduzca en mayores empleos, en mejores oportunidades para él y sus hijos y en una redistribución de la riqueza.
El espíritu de progreso material y económico debe ser entendido como un fenómeno que beneficie a todos, no sólo a algunos.
El nacido en esta tierra debe ser partícipe de ese desarrollo y de esa generación de riqueza.
Muchos se escudan en el hecho que el pandino sólo aspira al cargo público, lo que si bien tiene visos de certidumbre en muchos casos, no es una regla general. Un testigo de esta realidad son los barrios pobres que se van formando en la ciudad, cual polvorín de desposeídos que son dejados de lado en esta danza de millones que genera el comercio.
La integración de los migrantes a Cobija debe darse desde los mismo migrantes. La unidad de la ciudad y de sus agentes económicos será un motor impulsor para que este desarrollo vaya más allá y se pueda pasar de comercio a la industria.
Esto requiere una amplitud de miras en quienes se benefician actualmente de la zona franca, es decir, en un desarrollo espiritual que le permita integrarse a Pando, a su gente y a sus necesidades. El progreso económico encontrará un motor nuevo y dinámico en el progreso espiritual, cuando migrantes y locales disfruten juntos de las ventajas y beneficios de la zona franca, única posibilidad que la haga viable y sostenible a lo largo del tiempo.

2 comentarios:

Soledad = (sole1956) dijo...

Creo que todo pasa por lo del "César las cosas del César" Pues este se lleva mucho y se trata de reducir "gastos". También no favorece a las empresas, que sus empleados......decidan qué es mejor para los negocios.

Saludos!!!!!!

Guillermo Torres López dijo...

Terciopelo, ofreciste realizar publicaciones en el blog, lo que me parece de gran interés.
Escribeme a info@servicioslegales.com.bo
Saludos